Mis ojos contemplan el reloj, aún es temprano. Me estiro en la cama hasta que decido dejarla. El espejo de la habitación me revela las huellas de la noche. ¿Buena? ¿Mala? Ya no sé si pensar tanto es bueno o malo. Pero es inevitable, como ahora. Abro las ventanas y el aire fresco acaricia mi rostro. Preparo un café y enciendo un cigarrillo. Bendita combinación que invita a planear el día. Entonces me pregunto si hoy derramaré alguna lágrima o si me voy a reír a carcajadas. ¿Extrañaré un poco más? ¿Menos? ¿Algo nuevo sacudirá mis sentidos? No lo sé. Pero la mañana te recuerda que aún todo está por delante.