lunes, 29 de septiembre de 2008

Me desilusionó como nadie nunca lo había hecho. Me vendió falsas ilusiones, promesas que con el tiempo jamás se concretarían, frases en vano que carecían de sentimiento, miles de te amo que se decían sin un corazón que avalara esas palabras, innumerables sucesos que se dieron sin explicación en cuyas consecuencias nadie pensó nunca, decenas de besos que se dieron sin pensar porque nos dejamos llevar por puros impulsos. Debo admitir que esos besos y abrazos que nos dimos me hicieron feliz en algún momento, pero en estas instancias sé que fueron en vano, porque todo fueron mentiras, y sé que jamás se volverán a repetir. Debo reconocer que todos nuestros instanes, nuestras cartas, nuestros besos, nuestros encuentros, todo lo que vivimos forman parte de un pasado. Son recuerdos que se atesoran en la mente, que no podré borrar facilmente. Son de esos instantes que se recuerdan toda la vida. Me cuesta tanto aceptar que el tiempo que tuvimos se nos acabó y que tenerte conmigo es una circunstancia inalcanzable. Como una nena me creí todos tus cuentos en los que planteabas finales felices y fantásticos. Por fin comprendí que no fueron más que falsas ilusiones que generaste por tu instinto de jugador. Tu corazón quiso que todo sea realidad, que no todo quedara en palabras, pero no pudo más que tu orgullo. Vos creías que me querías y yo te quería creer.