viernes, 26 de septiembre de 2008

Ella, una mujer de gran corazón, dispuesta a dar todo por aquel que una vez conoció porque el destino lo propuso. Porque es así, uno no espera los acontecimientos, estos ocurren muchas veces sin fundamentos ni lógicas. Él, un gran conquistador, galán codiciado por las mujeres. Pero detrás de esa belleza, algo se esconde. Es otro ser, un ser desconcertante capaz de dejar anonadado a quien lo conozca detrás de esa imagen superficial que diariamente da. Nadie entiende la razón de porque a todas les roba el corazón, sólo sabemos que todas lo anhelan.
Esta historia es, quizás, un relato clásico que le sea familiar a muchas mentes, puesto que suele pasarle a una gran magnitud de personas. No se sabe por qué ocurre. La vida en nuestro camino, muchas veces, interpone gente que cambian rotundamente nuestra situación y luego de diversas reflexiones uno llega a la conclusión de que su vida hubiese sido mejor si jamás se hubiese percatado de la existencia de ese alguien, que nos da vuelta en la cabeza, que nos perturba el sueño, que se hace presente en nuestros pensamientos, que nos hace escapar diariamente de la realidad, haciéndonos vivir en una fantasía; y cada vez que queremos pensar en ese alguien, recurrimos a la imaginación, porque claro, uno se llena de expectativas que tal vez jamás lleguen a concretarse, pero uno no se percata de eso, uno no piensa en las consecuencias que acarrearán sus actos. Pero, al fin y al cabo, se necesita siempre una ilusión y aunque uno intente con todas sus fuerzas centrarse solamente en la realidad concreta que se vive día a día, no lo lograría, ya que el sentimiento siempre puede más que la razón. Generalmente uno actúa según su corazón y no su mente. Si cada uno de nosotros obrara reflexionando cada paso que da en su vida, no existirían relaciones, puesto que en este mundo nada es para siempre y toda historia de amor en estos tiempos modernos, dónde no hay compromiso alguno, tiene un desenlace en el que el papel protagonista se lo lleva la desilusión.
Esta historia cumple estas características, no hay peor situación que amar y sentir que uno no es correspondido. Ella lo sigue, lo sueña, lo nombra, lo espera, lo lleva bien pegado al corazón. Él sabe que la lleva bien clavada en el pecho, tiene un corazón tonto pero sensible que raras veces saca a lucir; porque claro, él vende la imagen de hombre imposible, firme que no sufre. Orgulloso como pocos, en extrañas ocasiones se muestra como es. Con ella ocurrió aquello. Ella lo busca, él no se resiste. Muchas veces él se muestra indiferente para hacerla sentir una más de una lista, pero yo, por experiencia propia, no dudo en afirmar que él con ella es distinto. Que todo hombre tiene un punto débil y cada mujer sabe como seducirlo.
Ella se siente desilusionada cuando él la hace sentir menos, y no sabe ya que pensar. Y es lógico. Pero conociéndolos, hay que llegar a la conclusión de que no hay que tener en cuenta sólo lo superficial, sino insistir en que el otro saque a relucir su interior, para jamás darse por vencidas ni aún en la peor de las situaciones, porque siempre queda una esperanza humilde, que es la fortuna del corazón.