Cruzo los dedos y sueño con el día en que volvamos a hamacarnos en la brisa del mar. Imagino mi cuerpo corriendo hacia el tuyo, que me eleva por el aire sin dificultad, alejando mis pies de lo frío del suelo. Basta sólo un beso para que la tinta haga lo suyo.
Es eterna esta espera. ¿Dónde estás?