jueves, 15 de agosto de 2013

No más noches ni amaneceres, ni playas ni montañas. Las caricias mutan hasta convertirse en llanto. El dolor se vuelve resignación. La luz ya no es luz, el calor ya no abriga. Me siento avasallada por este invierno, que me impide poner de pie. Pero ya vendrá la primavera y habrá nuevas cosquillas como las que ayer me hacían brillar.