Tras casi tres años de blog creo que se dio a entender en más de una oportunidad que lloro fácilmente, y generalmente por bronca, tristeza, impotencia... ya saben. Pero en estos días descubrí que se puede llorar de felicidad, y jamás me hubiera imaginado el placer que eso produce en el alma.
Y lo descubrí gracias a mi novio, porque junto a él la felicidad no me suelta la mano. Indescriptible.