lunes, 29 de marzo de 2010

¿Querer es poder?

Los impulsos me dominan. Tengo que medirme, pensar antes de actuar. Siempre quise hacerlo, creo que es el desafío más difícil con el que tengo que lidiar, porque pasa el tiempo, todo cambia, pero eso sigue intacto.
Es todo tan confuso. Es reconocer el error y sus consecuencias, lamentarse de ellas, querer remendarlo y no poder. Y todo por no pensar lo suficiente.
"Pensá antes de actuar, date cuenta que muchas veces lastimás a los que más te quieren ayudar". Claro, es tan fácil decirlo. En la teoría todos nos llevamos un diez, ¿pero en la práctica?
En una discusión, ¿quién no sintió que las palabras más hirientes afloraban de sus labios sin siquiera pensarlas? Ahí los quería agarrar.
Y sí, se puede pedir perdón. Pero no como una costumbre. Cuando un error hiere profundamente al otro no es todo tan fácil. Esa herida no va a cerrarse instantáneamente. La herida va a sangrar, va a sanar pero la marca va a quedar.
Dicen que de todo se aprende; y sí, aprendí que no me mido cuando hablo, que muchas veces lastimo a la gente sin querer hacerlo. Cambiar depende de mí, y si quiero hacerlo ¿por qué no puedo? Voluntad, Paciencia... pido que den el presente. Media pila, che.